Pedro Garay y la historia de cómo se convirtió en el Capitán Celeste

Un paraguayo llegó al Perú a mediados del 1992 y nadie se imaginó que se convertiría en protagonista estelar de la mejor campaña de un equipo peruano en los últimos 25 años. Pedro Garay Núñez fue uno de esos extranjeros que aportó dentro y fuera de la cancha. Llegó a Sporting Cristal a los 33 años con un estado físico y madurez futbolística que le permitió demostrar por qué había sido campeón tres veces de la Liga Paraguaya y seleccionado nacional guaraní en múltiples ocasiones.

¿Cuál fue la trayectoria de Pedro Garay antes de llegar al Perú?

Comencé en la ciudad de Lambaré en el Capitán Figari de la segunda división paraguaya hasta los 19 años en que me fichó el Sol de América para jugar en primera. De ahí en el ’86 me firmó el Cerro Porteño, club en el que estuve 6 años, hasta que en el ’92 me prestan al Oriente Petrolero de Bolivia para jugar una Copa Libertadores. En ese club sólo estuve 6 meses y regresé, ahí fue que salió la oportunidad de llegar al Sporting Cristal.

¿Cómo se dio ese acercamiento con el equipo del Rímac?

Jacinto Rodríguez se encontró en el Jorge Chávez con Juan Carlos Oblitas quién estaba viajando a Paraguay para ver jugadores. Jacinto me recomendó con él y Oblitas vino a verme en un partido ante Guaraní, ese día me jugué un partidazo e, incluso, marqué dos goles. Adicional a eso en Cerro Porteño era dirigente Alejandro Montani quien es peruano y amigo de Juan Carlos, él también fue un apoyo importante para que la operación llegué a buen puerto.

¿Te convencieron rápidamente de venir?

La verdad yo estaba un poco indeciso y preocupado básicamente por el tema del terrorismo, pero tanto Alejandro como Juan Carlos hablaron conmigo, me explicaron un poco cómo manejarme para estar seguro y terminaron convenciéndome de ir. Algo que yo considero me hizo mucho bien. Cuando llegué a Perú fui a ver las 3 primeras fechas al equipo sin jugar, eso me dio una idea más clara de cómo era su liga, porque antes de eso mi única referencia futbolística de Perú era la selección cuando venía a jugar a Paraguay.

¿Cuál fue tu primera impresión de la Liga peruana?

Que era un campeonato con muchísima técnica y habilidad pero que a los jugadores les faltaba más carácter, más fuerza y eso fue lo que me propuse aportarle al Sporting Cristal, y creo nos fue bastante bien.

¿Fue tu paso por Sporting Cristal el más importante de tu carrera?

Yo creo que sí, a pesar de que en Paraguay conseguí 3 títulos nacionales (1 con Sol de América y 2 con Cerro Porteño) y 1 Torneo República, lo que viví en el Sporting es algo inolvidable e imborrable en mi vida. Definitivamente fueron los años más importantes de mi carrera deportiva. Conseguimos un tricampeonato al galope, arrasábamos con todos los rivales, estábamos en un nivel superlativo. Llegando en el ’97 a la final de la Copa Libertadores, como cierre de oro para esos años gloriosos con la camiseta celeste.

Una anécdota

(Risas) Ya llego a eso. El 31 de diciembre, bien temprano, me llama Don Pepe Vergara, que era el gerente en esa época y me dice que tenía que presentarme al club el 1º de enero. A mí me sorprendió mucho porque quién te pide regresar el 1º de enero cuando el 31 es año nuevo. Yo le pregunté a Don Pepe qué pasó, pero no me quiso soltar nada, así que no me quedó otra que acatar las ordenes. Recuerdo que llegué a las 4 de la tarde a Lima, un poco preocupado pensando que me iban a rescindir contrato por algún motivo que desconocía. A las 5 pm ya estaba en La Florida donde me esperaba el presidente Federico Cúneo y luego de una reunión de media hora me propuso ser el capitán del equipo para la temporada 1993. Para mí fue una gran sorpresa porque llevaba sólo 4 meses en la institución.

¿Por qué crees que sucedió eso?

Tal vez porque ellos se dieron cuenta que yo veía cosas en el plantel que no me gustaban e intentaba corregirlas.

¿Qué tipo de cosas?

Algunos jugadores que llegaban tarde a las prácticas y no ponían todo lo que podían dar el fin de semana. Yo reuní al plantel al comienzo de la campaña y les expliqué que para llegar al objetivo en común todos teníamos que seguir una misma línea de conducta. Recuerdo que pusimos reglamentos y multas para enderezar las cosas y aunque al principio costó, creo que no defraudé, el plantel se volvió mas profesional y unido.

Ojo, el capitán no sólo se dedica a poner mano dura, también tiene que sacar la cara por el grupo para negociar los premios, beneficios y condiciones del equipó tanto a nivel grupal o puntual. Yo había tenido un gran capitán en Cerro Porteño llamado Justo Jacquet, de él aprendí muchas de las cosas que luego apliqué en mi carrera.

Más allá de que la directiva te nombró capitán ¿Cuándo sentiste que te volviste referente del plantel?

Yo creo que cuando se logró el primer campeonato en el ’94. Ese año el plantel ya estaba bien enfocado en los mismos objetivos en común, fue como si el ’93 fue de aprendizaje. En ese momento el grupo ya estaba satisfecho con la línea a seguir, con las reglas que implementamos y ahí fue el inicio de los mejores años que tuvo ese plantel tanto en rendimiento como en unión.

Extraído de la Revista ONCE