La historia del arquero mas longevo en la Copa Libertadores, al que Sporting Cristal mandó al retiro con 7 goles

El arquero –y el futbolista en general– más veterano en más de seis décadas de Copa es Luis Esteban Galarza, quien el 17 de abril de 1995 se retiró de la Libertadores actuando para Jorge Wilstermann con 44 años y 81 días.

En una noche limeña de marzo del año 1995, Sporting Cristal le ganó a Wilstermann 7 a 0.

La denominada ‘Máquina Celeste’ salió al gramado del José Díaz con la firme convicción de hacer respetar la casa y quedarse con los tres puntos. Roberto ‘El Chorri’ Palacios fue la gran figura del partido y se anotó con un hat-trick.

El festival de goles lo completaron: Julinho, Jorge Soto, Nolberto Solano y Bica. Otro destacado en el citado encuentro fue Alex Magallanes.

La anécdota es que al culminar el partido Juan Carlos Oblitas salió corriendo del banco de suplentes a buscar a Galarza y darle su aliento. El portero Boliviano terminó preguntándole como comunicarse para invitarlo a su partido de homenaje (Ver video).

En Bolivia dicen que fue una injusta despedida para el mejor golero de la historia del fútbol boliviano… Lucho no merecía esos siete cachetazos como adiós, no condicen con su grandeza.

Lucho Galarza o El Mono, como le decían sus compañeros, es el personaje central de esta increíble saga. Que comenzó en 1950, cuando Ramón Mayeregger, el hermano mayor de una fecunda familia futbolera, debutó bajo los tres palos de Nacional de Asunción, el club de Arsenio Erico. El joven Mayeregger destacó rápidamente por sus voladas espectaculares y fue titular de la Selección Paraguaya en el Mundial de Suecia 1958. Luego sería transferido al Emelec, de Ecuador, donde alcanzó la idolatría. El ‘Candado Mayeregger’, lo llamaron, porque cerraba el arco.

Ramón fue el inspirador de sus dos hermanos menores por vía materna, Arturo y Luis Galarza Mayeregger, quienes de pequeños se volcaron al oficio de atajar, y entraron también en el club Nacional. Arturo (que en 1981 actuó en el Pereira) llegó a Primera División y en 1969 emigró a Bolivia, contratado por el Bolívar de La Paz. En esas estaba cuando el 26 de septiembre se produjo el trágico accidente aéreo en el que falleció todo el equipo del The Strongest, el más popular del país, por entonces. Fue cuando Arturo se cruzó con un directivo atigrado y le comentó:

–Tengo un hermano menor que ataja en Asunción, es muy bueno.

–Dígale que se venga –fue la respuesta instantánea. Lucho ni siquiera había debutado en Paraguay, tenía 18 años. Cuando lo vieron en La Paz, los dirigentes dudaron: “¿Podrá jugar…? Es un chico”. Pero el técnico Freddy Valda lo puso a prueba y enseguida lo recomendó a los directivos: “Si lo trabajan bien tienen arquero para quince años”. Se quedó dieciocho. Arrancó en 1970 y no paró hasta fines de 1987. Se convirtió en un histórico del club por fidelidad y por sus notables condiciones. “Tenía una personalidad increíble y nos transmitía su garra y confianza a los compañeros”, dice Luis Liendo, volante que compartió añares con él.

Pero al llegar a La Paz, en noviembre de 1969, vivió un suceso tragicómico: arregló contrato y le ordenaron ir a entrenar, y fue, pero eran tres jugadores nada más, los otros habían caído en la montaña, con el avión. “Estaban los dos que no habían viajado junto con el equipo, Rolando Vargas, porque pidió permiso para trabajar, y Luis Gini, que estaba lesionado. No se podía hacer fútbol, nos juntábamos los tres, dábamos unas vueltas a la cancha, unos ejercicios y nos íbamos a casa”, cuenta Luis.

Durante diez años se dio un suceso extraño: Arturo y Luis fueron los dueños del arco de Bolívar y The Strongest, el gran duelo del país, como si dos hermanos se enfrentaran en un Boca-River o en un Santa Fe-Millonarios. Y eran los capitanes.

–Con Arturo estábamos todo el día juntos, y cuando llegaba el clásico no hablábamos de fútbol para eludir el tema. Ambos éramos los capitanes, así que nos saludábamos en el medio del campo-, evoca Lucho. Se miraban seriamente y se intercambiaban banderines, que luego iban a parar a la misma pieza.

–Los dos queríamos ganar y lo único que nos decíamos era “Vos, tapá todo lo que puedas, yo haré lo mismo, y ojalá empatemos”. Después tomábamos mate, cenábamos juntos y comentábamos el cotejo hasta las dos de la madrugada, fumando un cigarrillo…

Se nacionalizaron y defendieron a la Selección Boliviana, sobre todo Lucho, quien enfrentó varias veces a Paraguay por Eliminatorias y Copa América. Fueron pasando los años y los clásicos. Ambos se casaron y tuvieron hijos varones. ¿Qué fueron ellos…? Arqueros también, como casi todos los Galarza Mayeregger. Una vasta simiente futbolera: Arturo es papá de Carlos Rolando, hoy con 35 años, quien disputó la Libertadores para Real Potosí en 2002. A su vez, Luis es padre de dos guardametas: Sergio Daniel Galarza (35), quien también llegó a la Selección Boliviana y actuó en el máximo torneo continental de clubes para Oriente Petrolero y Jorge Wilstermann (6); y Luis Eduardo Galarza, con larga trayectoria en Primera División.

Seis arqueros profesionales en una misma familia, varios con brillantes trayectorias, cinco protagonizaron la Copa, tres fueron internacionales por Bolivia y uno por Paraguay. Y mil anécdotas adornando la historia, como la que relata Sergio Daniel…

–Hacía un mes que había cumplido mis 18 años y jugaba en Metalsan, cuando me avisan que voy a debutar en Primera. Era un miércoles por la noche y enfrentábamos a Wilstermann, donde actuaba mi padre, Luis. En ese tiempo, 1993, muchos clubes no concentraban a sus planteles previo a los partidos, así que ese día estuvimos juntos en casa con papá, a la tarde salimos con el auto, cada cual pensando en lo suyo. Llegamos al estadio, él se fue al vestuario de Wilstermann y yo al de Metalsan. En la Liga coincidimos unos tres años. En todo ese tiempo creo que nos enfrentamos tres o cuatro veces y nunca pude ganarle un partido.

De los seis miembros de la dinastía Mayeregger Galarza, dos ya han fallecido, justamente los dos mayores: Ramón y Arturo. Los otros siguen en distintas funciones en el fútbol. Falta un capítulo más: ahora les toca a los nietos…

JORGE BARRAZA