La Cancha: Sporting Cristal 1 – Club Atlético Peñarol 1

Las noches de Copa se saben diferentes. La calidez del verano limeño se hace más sabrosa cuando se prepara a recibir al más Copero enfrentando la lid más bonita, la más difícil, la más deseada. Sporting Cristal y la Copa Libertadores, una relación histórica. Y recibiendo a un grande como Club Atlético Peñarol para hacer más vistosa la ocasión. Con treinta mil corazones cerveceros engalanando el sempiterno Nacional, la de ayer ha sido una más de las varias y recurrentes historias coperas de nuestra vida.

Pero el sabor agridulce no nos lo quita nadie.

Agrio por el resultado, evidentemente. Por que Sporting Cristal pudo tenerlo, porque se demostró que sólo la camiseta celeste es capaz de sortear ese abismo que separa nuestro alicaído fútbol nacional (último de la región) de las ligas más competitivas del continente. Peñarol visitó a un Sporting Cristal que hizo lo que nadie más haría en estas tierras: apresurarlo, dominarlo y ponerlo en aprietos. Porque se hizo, pero no se concretó. Se fallaron algunas claras y se cedió un error fatal. Suficiente para que el negocio se vaya a Montevideo y deje a la Celeste en deuda. Imposible conformarse con este empate.

Pero ese sabor agrio se atempera con varias cucharadas de dulce miel. La hinchada presente dejando palmas y grito en el aire limeño. Porque la hinchada es más que las cabeceras de las tribunas populares y ayer se volvió a juntar. Hombres, mujeres, parejas, familias, padres e hijos, generaciones rimenses y hermanos unidos por la camiseta, la hinchada cervecera: la familia rimense en torno del equipo de su adoración. La congregación de la afición enamorada del color del cielo es uno de los espectáculos más bonitos que existen para quien lleva la celeste en el pecho.

Pero también está el sabor dulce, que atempera la frustración, de no tener nada que reprocharle a tu equipo en entrega y pundonor. Corrieron y dejaron la raza en cada jugada. Con errores y aciertos, los catorce merecieron cada aplauso que sonó. Eso enorgullece, eso agrada y eso emociona con miras al futuro. La copa se juega a cara de perro y en Cristal casi nadie arrugó.

Y el juego. Cristal propuso un fútbol que tuvo poco de “pacífico” y mucho de “atlántico”. Un juego de presión y rapidez. Se dejó de lado el ritmo cansino y trotón y se entró a jugarle al rival de la forma como ellos juegan: moviendo la pelota, cambiando de frentes, armando jugadas a un sólo toque. Un fútbol raro por estos lares. Un fútbol moderno que debería quedarse y generalizarse. Un juego que, perfeccionado, podría ser un argumento para próximas alegrías.

A la postre, ayer fue el choque de dos estilos clásicos de fútbol. El uruguayo de solidez defensiva, de manejo del partido, de aprovechar la que se tenga – así sea sólo una – y aplciar con astucia las artimañas clásicas para tenerlo todo dominado. El peruano de toque y gambeta pero potenciado con actitud y rapidez. Cristal intentó proponer y Peñarol procuró manejarlo. Se jugó un partido muy entretenido y de buen nivel.

Pero, el resultado. Uno ve todas estas cosas y el partido vibrante que nos regalaron los dos equipos y piensa en emocionarse. Pero recuerdas que sólo fue empate a uno, que no tuvimos contundencia, que sufrimos mucho para trasladar la posesión a la definición. Y, cual esencia de café en limpia agua, todo se tiñe de oscuro.

Cristal puede. Cristal sabe que puede. Cristal tiene aún que trabajar para hacer realidad su potencialidad. Mariano Soso aún no va a poder dormir tranquilo. Tiene que encontrarle la manija, tiene que encontrarle la fórmula. ¿Serán cambios de nombres o cambios de esquema? ¿Será cuestión de ubicar mejor a algún jugador o será cuestión de porfiar hasta que la racha se inicie? El técnico, en su cabeza y en sus manos, tiene la respuesta.

Por lo pronto, y haciendo de lado las tinieblas del empate por un momento, emociona ver a Cristal jugando Copa de la forma como se debe jugar la Copa. Ese es el camino, hay que seguir avanzando.

Por: Chalo
Director de www.elcristalconquetemiro.com

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