La Cancha: Real Garcilaso 0 – Sporting Cristal 4

Como aquellas fieras temibles que, al sentir el olor a sangre , se vuelven aún más peligrosas y mortales, Sporting Cristal – al sentir el olor a la posibilidad real de título – se vuelve un rival insoportable y apabullante. Es por eso que son pocas las veces, en casi 60 años de historia, en las que los títulos se nos escapan de las manos. La mística cervecera se ha forjado tras años de saber ganar luchas reñidas, de resultar vencedor en rectas finales ajustadas, de no perder el impulso que lo lleva adelante. Algunas veces pasó, es cierto, pero no es lo usual.

Contra Real Garcilaso se jugó un partido inusual. Totalmente atípico. No obstante, el hecho de que el marcador haya sido inusual no quita una verdad evidente y es que Sporting Cristal salió a ganar este partido. Se sabía que, para tener opciones reales de título, había que ganarle a Garcilaso en el Cusco y, como aquella vez en el 2012, fuimos al Garcilaso con la intención de ganar.

Y ganamos.

¿En qué radicó el secreto de la victoria?

Pues, a pesar de lo genial que es gozar la habilidad y el fútbol de Carlos Lobatón, yo creo que la victoria no nació de él. La victoria nació del banco. Y es que, cuando la acierta, la acierta. Que si la acertara más seguido, no habría nada que objetar. Pero cuando la acierta…

Ahmed entendió a Garcilaso y su estilo de defender lejos de su arco, de arrinconar a sus rivales y matarlos por las bandas. No por nada, ambos técnicos trabajaron juntos. Ahmed pensó cuál sería su estrategia para salir airoso del encuentro y supo convencer a un equipo – donde cada jugador ocupó su puesto y ejecutó la labor que sabe – que se comprometió e hizo lo que se tenía que hacer. Así, los esperamos, listos para demostrar la diferencia que existe entre estar arrinconado y esperar agazapado. A la primera que se pudiera, matábamos. Y pudimos, dos veces, antes de los 10 minutos. Luego fue un sólo de mantener el orden, la concentración y el hambre de título. Diego Penny se irguió enorme, mostrando que puede ser el arquero que todos quisiéramos que sea siempre, y la defensa luchó constantemente.

Hubiera bastado un error de más para que todo lo preparado se caiga. Y el mérito de Cristal no estuvo tanto en los 4 goles que anotó sino en el hecho de que, por fin, en el partido más importante, ese error de más no existió.

Orden, precisión, ganas, velocidad y fútbol. Esas fueron las recetas para el triunfo. Eso que en el Rímac tenemos en stock y que es lo que vale campeonatos. La garra, el corazón, los huevos y otras pamplinas sirven para las portadas. El fútbol es lo que emociona. El gusto de una pelota bien recuperada, de un pase certero, de un tiro libre preciso, de un remate bombeado que transforma en gol un anodino pase equivocado en el mediocampo.

Y con el fútbol … la alegría. La alegría de saberse diferentes, la alegría de saberse mejores. La alegría de ratificar expectativas propias y ajenas. La alegría de ser Sporting Cristal.

Aún faltan dos partidos, cervecero. Aún no grites el grito al que tan acostumbrados estamos. Recuerda que la soberbia ha sido la mala consejera que nos ha hecho perder la perspectiva y pasar apuros. El estar cerca al logro no es momento para enceguecerse, es momento para volvernos más peligrosos. Para tomar en serio el reto y matar. Como aquellas fieras temibles que, al olor de sangre, se vuelven aún más peligrosas.

Hay aroma de título en el ambiente. Todos sabemos lo que Sporting Cristal va a hacer.

Por: Chalo
Director de www.elcristalconquetemiro.com

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