Idolos: Orlando "Chito" de La Torre

Orlando “Chito” De La Torre Castro, el Chito, uno de los más simbólicos caudillos celestes, nació en Trujillo en 1944, pero vino chibolito a vivir a Barrios Altos. Creció en las bravas calles de Barrios Altos. Supo desde pequeño el significado de la palabra solidaridad con los amigos del barrio y los compañeros de equipo. Allí, en Cinco Esquinas, Chirimoyo, Las Carrozas y Huerta Perdida, fue donde empezó a trompearse como los buenos; a imponer su autoridad dentro del campo; a meter combo y tabazo en las calles; chalaca y mitrazo en los potreros. A punta de guapeos y codazos, roces y planchazos, alces y escupitajos, aprendió a bajarle la moral a los delanteros más pintados.

 

La sacaba muy bien de cabeza. Y se le adelantaba al delantero contrario cuando este iba a recibir la pelota, haciéndole morder aire. Debido a ello le llamaron “Mister Anticipación”. Recuperaba con roces o sin ellos (más los primeros que los segundos). Salía bien con la pelota jugada y cuando la reventaba, el hacha de sus chimpunes terminaba despellejando piernas rivales.

Junto al ‘Cóndor’ Fernando Mellán, al ‘Doctor Eloy Campos y Tito Elías formó una muralla que era el terror de los más valientes delanteros. En comparación con estos cuatro cancerberos, los marcadores de hoy son unas inofensivas monjitas de la caridad pidiendo óbolos. En estas épocas, ¡cuántos millones costaría esta línea de cuatro!

Fuera de las canchas, el Chito era muy bromista, pero, eso sí, recontra picón. Había que respetarlo. Al caudillo, al adalid, al líder se le respeta. Un caudillo no deja dejar pasar la más pequeña chanza a sus costillas. De lo contrario el caudillo deja de serlo para convertirse en mazamorra, flan, jugo de papaya. El caudillo que flaquea es una sonaja, un peluche, un cebiche sin ají.

Sobre su apodo se barajan dos hipótesis. La primera se refiere a su parecido con un futbolista mejicano a quien le llamaban el “Chito”. La segunda nos dice que en la década de los sesenta era costumbre entre los chalacos llamar “chitos” a los matones.

¿MATÓN? ¡SON CALUMNIAS!

Pero no, el “Chito” no era matón: Eso sí, la cara lo ayudaba. Las cejas fruncidas y su cacharro sin afeitarse le daban un aire (y fama) de matón. Lo que sucedía era que le molestaba que traten de pasar con la pelota por su lado sin pedirle autorización. Era un tipo especial: tampoco le gustaba que le pidan permiso. El Chito no dejaba pasar ni a la madre Teresa cargando un bebé.

Cuando el “Chito” enterraba a un contrario, se le acercaba y le mandaba recuerdos para su mamá. Eso no es matonería: Eso es cortesía.

Y al ayudarlo a levantarse, le aconsejaba cariñosamente que no se acerque nuevamente porque podía morir en un accidente. Eso no es amenaza: es un aviso de de ‘zona peligrosa’.

En Bolivia, para las clasificatorias de México 70’ cuando Chechelev le anuló un gol a Gallardo, las malas lenguas dicen que Orlando el Furioso le metió un tabazo al árbitro eslavo y lo expulsaron … ¡a Mifflin!. Pero no fue un ataque: sólo le quiso acomodar con el chimpún la media caída, porque Chito, grábenselo bien, nunca fue malero.

Era (y sigue siéndolo) el más leal de los compañeros. Era él quien sacaba pecho cuando alguien maltrataba a un celeste. Mas, cuando alguno de sus propios compañeros no ponía la pierna fuerte, o cuando le ponían la guadaña y se acobardaba, o cuando olvidaba la valentía en el camarín, les fruncía el ceño mientras su ira iba in crescendo. Luego les lanzaba su buena carajeada y, por último, en el camarín, ¡ayayay!, el correctivo eran sus caricias con el puño cerrado. El jugador timorato entonces tenía que jugar con las criadillas bien puestas.

Pero, valgan verduras, no se vio obligado a hacerlo con mucha frecuencia, porque en los cuadros celestes, desde inicio de los sesenta hasta casi la mitad de los setenta, nadie usaba pañales, nadie se tiraba para atrás, porque todos en ese equipo eran valientes (¡tenían que serlo, sí o sí!) que seguían el ejemplo de un león furioso que no toleraba los acobardamientos. Que exigía entrega y lealtad puesto que él daba el ejemplo. Que luchaba los partidos hasta después del tiempo reglamentario. Y muchas veces seguía peleando en los pasadizos y hasta en el mismo camarín. Y no pocas veces la bronca seguía en la calle.

MÉXICO ’70

Son innumerables sus duelos con delanteros contrarios. Uno de ellos fue con el búlgaro Georgi Asparukhov. Este era un delantero alto, famoso por su buen golpe de cabeza. En ese partido de México 70’ los búlgaros nos estaban encimando y el delantero europeo era una pesadilla para la zaga peruana. Fue entonces que el Chito en un salto peleado le aplicó un mitrazo que casi lo enterró. No, el Chito no lo hizo de malero: a veces en el salto se confunden cabeza con pelotas.

¿Y que pasó con Didí? “Chito” era titular insustituible, pero el entrenador carioca no lo incluyó en el once que salía a pelear los octavos de final con Brasil. Y esto se debió a dos factores: Uno, el miedo a que el “Chito” tome venganza contra Gerson, a raíz de una fractura que le ocasionara el delantero brasileño un año antes en un partido amistoso. Y, dos, el miedo a que lo linchen en Brasil. ¿Y a quién puso Didí en su lugar? A José Fernández, La Vieja, que ya estaba en bajada. Lógicamente, este no pudo controlar a los monstruos del equipo brasileño. Y perdimos por cuatro a dos. Chito encaró a Didí y lo abolló en el camarín. Y después lo siguió abollando en el hotel. Y no pudo seguir abollándolo en el avión porque el carioca de ahí nomás tomó voló a Brasil.

EN LA BOMBONERA

En la recordada batalla campal del 71 en la Bombonera, tan pronto patearon cobardemente a Mellán estando en el suelo, el “Chito” -junto a sus compañeros- repartió mitrazos y chalacas a todo boquense que se cruzaba por su camino. Y ojo que el enfrentamiento de veintidós celestes defendiéndose de más de cien rabiosos que atacaban en mancha en proporción de cuatro contra uno. Cuarenta años después, los medios argentinos están contando la historia distorsionada, a su manera. Y obvio, su soberbia les obliga a ocultar el ridículo que pasaron ante el heroico cuadro de La Florida. Sospechosamente, La Fox no pasa el partido. Y es que jamás van a reconocer -¡obvio, che!- que la cancha fue invadida por más de cien matones. La prueba está en que la Bombonera fue vetada después de ese broncón. Y todos sabemos que no se ordena el bloqueo de un estadio por bronca sino por invasión y ataque de gente extraña.

EL EJEMPLO

Pero lo que queremos resaltar es el empuje que ponía en el equipo y la ascendencia que tenía sobre sus compañeros. El amor a su camiseta celeste lo pregona a los cuatro vientos a casi cuarenta años de su salida. Todo un ejemplo para algunos resentidos que, por su postergación o cancelación, se lanzan a los medios a despotricar contra el equipo que los recibió con los brazos abiertos.

Años después vinieron otros caudillos, pero –sin desmerecer a los nuevos- jugadores con la calidad y la sangre de caudillo del “Chito” De La Torre ya no se encuentran. ¡Salud, Orlando De La Torre!

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