Doña Esther Grande De Bentín y el color de las camisetas del Sporting Cristal

Es muy conocido el cariño de doña Esthercita Grande de Bentín y don Ricardo Bentín para con el club, con los jugadores y todos los trabajadores. Anécdotas hay muchas pero por pedido propio de doña Esthercita casi nunca se mencionan.

Doña Esthercita se preocupaba de los mínimos detalles, de las más pequeñas preocupaciones de los jugadores a quienes consideraba como a sus hijos.

¿Que se iba a casar uno de ellos? Ya doña Esthercita le estaba preparando un buen regalo.
¿Que uno de los hijos de los jugadores estaba enfermo? Ya doña Esthercita les estaba solventando los gastos de medicina, hospital y movilidad.
¿Qué alguien no tenía para pagar el alquiler de la casa? Doña Esthercita le daba la cuota inicial de una casa nueva.

Así era ella de generosa. Pero a la vez exigía varias cosas:

Discreción. Ella ayudaba siempre desde las sombras. No le gustaba la figuración ni que su nombre aparezca en ningún acto de caridad pese a sus fuertes desembolsos para este tipo de ayuda.

Lealtad. Quien pertenecía al club debía ser leal a capa y espada. Tampoco debía despotricar del club. Además nadie tenía por qué quejarse, pues todos eran bien tratados

Respeto. Nadie podía ser protagonista en actos de libertinaje, borracheras y escándalos en la vida pública. Quien jugaba por el Sporting Cristal debía ser un ejemplo para los jóvenes. A muchos buenos jugadores se les canceló el contrato por su vida disipada.

Doña Esthercita era además muy exigente en los más mínimos detalles. Escogía el diseño de los atuendos de todas las disciplinas deportivas del Sporting Cristal, desde fútbol hasta básquetbol.

La última palabra la tenía que dar doña Esthercita. Ella tenía que dar el visto bueno. Cierta vez se había comprado todo un juego de camisetas deportivas.

Doña Esther entró al club y vio que las camisetas no tenían el tono de celeste que a ella le gustaba.

-Ahorita se llevan esas camisetas –reclamó-. Este tono es demasiado claro. El color de las camisetas debe ser un celeste oscuro.

Y así se hizo. La palabra de Doña Esther era Ley.

Anécdota relatada por don Ernesto Lozano, ex basquetbolista del Sporting Cristal