Cristal y la Folha Seca

Campeón del mundo con Brasil en Suecia 58 y Chile 62, Waldir Pereira Didí, fue uno de los grandes cracks brasileños llegó al Perú en 1962 luego de aceptar la oferta del Sporting Cristal para jugar y entrenar a los del Rímac. El creador de la “hoja seca” luego de su excelente paso por el fútbol peruano regresó a jugar por Botafogo y terminar su carrera futbolística en el São Paulo.

En 1969 fue designado entrenador de la selección peruana de fútbol para las eliminatorias del Mundial de México 1970, logrando su clasificación en el mítico estadio “La Bombonera” en Buenos Aires, frente a la selección de Argentina a la cual eliminó del Campeonato Mundial México 1970.

El descubrimiento

Benedito Rosa era director del Madureira, un modesto club de Río de Janeiro, que se dedicaba a buscar de talentos. En una oportunidad llegó a la pequeña Campos dos Goytacazes, ubicada al norte del estado de Río de Janeiro, para ver a un joven puntero izquierdo llamado Dodó. Después de observarlo en la cancha, el dirigente convencido de su talento averiguó su dirección y fue a conversar con sus padres.

“Dodó solamente jugará en el Madureira si usted se lleva a Didi, su hermano menor”, condicionó el papá de los chicos. Don Arthur Pereira sabía que Waldir era mejor. Lo había visto jugar en la cancha de tierra cerca de su casa, en la calle Aquidabán, donde Didi nació el 8 de octubre de 1928.

A los 14 años, jugando con jóvenes mayores que él, Didí tuvo su primera lesión seria. Atrevido y talentoso, recibió el golpe fuerte de un adversario humillado por su fina técnica. La lesión no mejoraba, la rodilla seguía hinchada y el dolor era perpetuo. La cura vino a través de las manos de su abuela materna, doña Creusolina, conocedora de remedios caseros preparados a partir de la grasa de riñón de carnero.

Nunca más fue delantero. Prefirió el medio campo, lo golpeaban menos, tenía más la pelota y comenzó a perfeccionar el pase, principalmente el de larga distancia. Didi era preciso cuando le pegaba al balón y se empeñaba en mejorar esa característica minuciosamente.

Cuando llegaron al Madureira, los hermanos Pereira tuvieron destinos opuestos. Didí, a los 19 años, encantó a todos por su forma de jugar, precisión para distribuir la pelota e inteligencia para dar velocidad o cadencia al equipo. Dodó no tuvo la misma suerte. Regresó a Campos para defender el Goytacaz.

Fluminense y Botafogo

En el Madureira, Didí llamó la atención de los grandes clubes de Río de Janeiro. En 1949, el Fluminense pagó una alta suma de dinero por su pase y a los 21 años dejó el “Tricolor Suburbano” por el “Tricolor das Laranjeiras”. Didí comenzó a ganar fama, su fútbol brillaba y al año siguiente fue convocado para el partido de inauguración del estadio Maracanã, entre las selecciones Carioca y Paulista. Ganaron los de São Paulo, pero el primer gol del partido fue de Didí: un tiro con curva a media altura de fuera de área, sin chances para el arquero Oswaldo Topete.

A inicios de los cincuenta, Vasco da Gama y Bangú eran los equipos fuertes de Río de Janeiro. El primero venía de ganar el Sudamericano de Campeones (1948) y algunos de sus jugadores vivieron la experiencia del traumático Mundial del 50. El segundo tenía a Zizinho, principal jugador en ese momento. En 1951, Fluminense y Bangú empataron en puntos y tuvieron que jugar dos partidos para definir al campeón. Con dos victorias (1 a 0 y 2 a 0) el joven equipo del Fluminense, con un Didí agigantado, levantó su décimo sexto título Carioca y la prensa carioca lo apuntó como el sucesor de Zizinho.

Su primera convocatoria a la selección nacional fue en 1952 para jugar el Panamericano, entre marzo y abril de ese año, en Santiago de Chile. Brasil fue campeón y de ahí en adelante Didí sería titular absoluto por una década. Su primer mundial lo jugó en Suiza 54 y participó de la Batalla de Berna, el violento partido entre húngaros y brasileros, que acabó 4 a 2 para los magiares.

De regreso a Laranjeiras, el nombre de Didí pasó a ser visto en las columnas sociales. El matrimonio con su primera esposa, Maria Luiza, terminó y poco después comenzó una relación con Guiomar, cantante de programas de radio. Le disgustaba que Fluminense le descontara de su salario la pensión para la esposa y su pequeño hijo, Adilson, de cuatro años. La relación con el club se deterioró, la dirección se mostró inconforme, la hinchada se le vino encima y no hubo ambiente para continuar. Después de 298 partidos, 91 goles y una considerable cantidad de dinero fue vendido al Botafogo.

Allí jugó con Nilton Santos y Garrincha, formando un equipo que dominó el fútbol carioca hasta la mitad de los sesenta. En su primer año en el equipo de la “Estrella Solitaria” ganó el campeonato Carioca de 1957. Fue un rotundo 6 a 2 al Fluminense, en un Maracanã con más de 150 mil personas, según consta en el extinto Jornal dos Sports. Botafogo levantaba un título después de nueve años y comenzaba su época más gloriosa.

Antes del éxito en el Mundial del 58, el FC Barcelona y el Valencia de España intentaron comprarlo, pero Botafogo le otorgó un generoso aumento de salario. El primer título de Brasil y haber sido el mejor jugador de ese mundial llevó al Real Madrid a pagar 80 mil dólares por su pase. Se juntó al húngaro Ferenc Puskaz y al argentino Alfredo Di Stéfano, pero los flashes y noticias de la llegada de Didi al Madrid no le agradaron al argentino y el presidente Merengue, Santiago Bernabéu, tuvo que administrar los celos de la Saeta Rubia. Insatisfecho, Didi regresó al Botafogo en 1960.

Jugó dos años más y conquistó los campeonatos Carioca de 1961-1962 y el torneo Rio-São Paulo de 1962, año en que fue bicampeón del mundo, en Santiago. En Chile, Didi debutó y se despidió de la selección. Fueron 68 partidos oficiales con la verde-amarela, 20 goles e incontables asistencias.

Cristal y la Folha Seca

Mientras Botafogo jugaba partidos amistosos y torneos en Europa, América Central y del Sur, Didí aceptó la oferta del Sporting Cristal para jugar y entrenar a los del Rímac, una propuesta nada común para la época. Cuando llegó, encontró un equipo joven, que había sido campeón el año anterior. Estaban Alberto Gallardo, Orlando de La Torre, Luis Rubiños, José del Castillo, Eloy Campos, Roberto Elias, Hugo Carmona, todos con menos de 25 años. Era el segundo semestre del 62 y él tenía 35. Se despidió después de 60 partidos y 15 goles anotados.

Didí con la camiseta de Sporting Cristal.

Didí regresó a jugar por Botafogo y terminar su carrera futbolística en el São Paulo. Cuando lo supo, el presidente del Sporting Cristal, Augusto Gálvez Velarde, lo invitó para que entrene al equipo. El título nacional en 1968 y el fútbol vistoso y eficaz de los rimenses fueron motivos para que el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Gustavo Escudero Molina lo indicara para intentar la clasificación a México 70, historia que todos conocemos.

Didí con la bandera blanquirroja recibido por la hinchada en el aeropuerto Jorge Chávez.

Lo que es desconocido es el origen de la Folha Seca, marca registrada de Didí. Mientras se recuperaba de una lesión en el tobillo, el entonces jugador del Fluminense buscaba la forma de pegarle al balón sin que sintiera dolor. Notó que si pateaba la pelota con la parte externa, ésta ganaba un efecto raro que la hacía subir y bajar súbitamente, desconcertando a los arqueros.

Lo entrenó tanto con los goleros Castilho y Veludo, que en un partido contra el Bonsucesso, por el Carioca del 1955, Didí anotó de la forma como lo había practicado. Años después, contra Perú, por la eliminatoria para el Mundial del 58, anotó el gol de la clasificación de Brasil. El arquero peruano Rafael Asca lo recuerda así, en el libro Didí, o Gênio da Folha Seca: “No pude hacer nada. Solamente vi. Fue muy raro…Cuando miré para atrás, la pelota estaba en las redes. Fue como si alguien hubiese colocado la pelota en ese lugar con la mano”.

A fines de abril del 2001, su esposa Guiomar lo acompañó al hospital Universitario Pedro Ernesto, en Vila Isabel, barrio de la zona Norte de Río de Janeiro, porque sentía dolores en el estómago. Fue diagnosticado con cáncer avanzado y el 12 de mayo falleció en el hospital que, irónicamente, está a menos de un kilómetro del Maracanã, palco donde brilló en sus 18 años de carrera.

Por: MANUEL MANRIQUE publicado en la Revista ONCE