¿Chalaca o Chilena?

Como impulsado por un inmenso resorte, como una honda humana, aquella noche el Camello Jorge Soto, entre el área grande y la chica y de espaldas al arco rival, al recibir desde la derecha el centro con trayectoria enroscada, se elevó al estilo Fosbury como para pasar por encima de una imaginaria varilla de salto alto. y cuando la robusta y pizpireta pelota llegaba a la altura de su cabeza le metió tal fogonazo, tal catapultazo de jai alai, tal gatillazo de pinball gigante, que la mandó al fondo de la telaraña, dejando al arquero de Rosario Central más tieso que hocico de fumón. Fue la chalaca internacional que le faltaba al Camello para consagrar su gol como el mejor de la Libertadores de ese año.

Y esta chalaca de antología mundial trae a colación algunas reflexiones. El término ‘chalaca’ es más peruano y más antiguo que ‘mañana te pago’. Siempre se ha usado a nivel de barrio pobre, en broncas a la salida del colegio fiscal, en los potreros y en cantinas de barrio.

ORIGEN REAL (Y NO PROBABLE)
El criollo tiene una originar manera de pelear, diferente a todas partes del globo. El criollo se mecha con la técnica del mitrazo, el sorpresivo cabe (o zancadilla), el combo, la efectiva patada, el defensivo planchazo, la definitoria ‘pesada’ (llamada también contrasuelazo), el mañoso rodillazo y la acrobática chalaca.

Esto, que para nosotros es tan recontra natural como un jugo de papaya, al extranjero le causa – además de una sorpresa- un hematoma. Por ejemplo, en 1971 el Jet Alberto Gallardo, Gonzales Pajuelo, el Chito Orlando la Torre, con todos sus compañeros del Sporting Cristal, rompieron varios rostros de jugadores de Boca Juniors, aplicando peruanísimas chalacas en aquella famosa bronca de la Bombonera.

COMO CONGRESISTA Y CUTRA…
Y bien, el término ‘chalaca’ en grescas callejeras viene desde el siglo XIX y muy probablemente desde antes y se refiere a la manera de pelear de los chalacos: la patada voladora dirigida al abdomen, al tórax y, en el caso de los mejores peleadores – al rostro del contrincante, dependiendo de si la chalaca la recibe Chiquito Flores o Hildebrandt.

La relación es muy sencilla: los ingleses trajeron el fútbol al Callao a fines del siglo XIX; y sus primeros alumnos fueron los chalacos. Además, los británicos observaron desde los muelles (y con toda seguridad experimentaron en carne propia) cómo los chalacos lanzaban sus patadas voladoras en los pleitos callejeros. Y casi simultáneamente los vieron jugar pelota.

Un jugador chalaco metió gol de chalaca y allí se juntaron, como poto y calzón, como congresista y cutra, como cebiche y resaca, la chalaca del pleito callejero con la chalaca del fútbol. Y sanseacabó porque ambas son hijas del mismo papá chalaco.

Como es inveterada costumbre nacional, aquí el origen de la chalaca, al igual que el hijo de Maradona, nunca fue registrado. Ahora bien, las primeras chalacas documentadas en el futbol peruano fueron las que hacía Alejandro Villanueva. ¿Pero qué sucedió? El que la distorsionó fue un periodista deportivo recontra sano a quien -quizás por crear una definición original – se le ocurrió llamarla ‘caracol’.

TÚNELES Y CARACOLES…

En las redacciones se pedía que en el deporte de las patadas se utilizara un lenguaje serio y formal. Y los periodistas ‘sin esquina’ – buscando originalidad e ignorando que, precisamente, el término ‘chalaca’ se transmitió de las peleas callejeras a las canchas y no a la inversa – continuaron llamando ‘túnel’ a la huacha, y ‘caracol’ a la chalaca para no asociar estos términos – chabacanos para ellos – con el fútbol, un deporte que no se había formado en jardines palaciegos sino en los campos, pateando vejigas de carnero cuando no cráneos de enemigos (esta última costumbre es aún vigente). Y a la humilde chalaca se le cambió de nombre en el ámbito periodístico. Hasta el mismo Nicomedes Santa Cruz escribió:

“…un caracol de Manguera
El arco pasa rozando…

PISCO, CHIRIMOYA Y SUSPIRO A LA LIMEÑA…

No obstante, en calles, potreros y tribunas el aficionado siempre gritó: “¡gol de chalaca!” La palabrita pegó inclusive a nivel latinoamericano. Se la ha propalado en Ecuador, Colombia y Venezuela. Y hasta hace unos treinta y cinco años los mismos periodistas chilenos le llamaban chalaca.

Y ahora, con la disputa por la paternidad del pisco, el cajón criollo, el cebiche, la chirimoya, la uña de gato y el suspiro a la limeña se ha formado tal arranchadera de nombres que los vecinos del sur se sienten con derecho a llamarla así.

Lo que sucedió con la chalaca en el extranjero fue que un español nacionalizado chileno metió un gol así y desde ese momento en el extranjero se le llama chilena. Y que digan lo que se les antoje. La chalaca ha sido, es y será peruana. ¡Y no va a chel!

Por MANUEL ARANIBAR LUNA