Anécdota: “al estadio se llega como sea para alentar al campeón”

En la gloriosa campaña de la Copa Libertadores del 97, formaba parte del Cono Svr del Extremo Celeste, hermanos con los que vivimos muchas guerras donde aprendimos a ganarnos el respeto y no aguantar insultos y arrebatos por parte de gayinas y cagones.

En ese año para un partido con las gayinas, nos reunimos todo el Cono Svr en el parque que está frente al Bingo Palace en la Av. Aviación, cerca de Villarán. Una vez llegados todos, la gente muy empilada decidió ir en caminata rumbo al coloso de la calle José Díaz.

Agarramos el carril de la Av. Aviación de sur a norte, las gayinas (según ellas nos estaban esperando para hacernos correr) nos esperaban a la altura de las Torres de Limatambo y al ver que éramos un pueblo y no eran más que nosotros, como buenas gayinas, comenzaron a correr. Solo se quedaron algunas que nos quisieron hacer frente pero solo quedo en eso en “quisieron” los correteamos hasta por dos cuadras hacia adentro de la urbanización Juan XXIII.

Las gayinas de la “causa” se la quisieron dar de vivos y pasarón en un carro pasteando a la gente, se fueron de cara porque los reventamos, fue ahí donde intervino la policía y nos levantaron a varios. Al llegar a la cómica nos dimos con la sorpresa de que no estábamos solos, si no que también habían levantado a unas gayinitas.

Nos metieron juntos en el calabozo y los cabr(u)s comenzaron con que: “oe no pasa nada chochera, ya fue pe, tranquilo no más”, jajaja toma concha tu madre y luego tuvieron que separarnos los tombos porque las gayinas estaban llorando y pidiendo socorro.

Después de casi 40 minutos nos toman nuestra declaración y el agredido, el dueño el carro ¡oh sorpresa¡ era un cliente del viejo de Fito que era abogado y lo conocía, se saludaron y por supuesto le dijo a los tombos: bueno ellos no fueron y nos soltaron.

Salimos presurosos con dirección del estadio ya no teníamos entradas tampoco dinero. Qué hacemos, nos preguntábamos, tenemos que entrar como sea y yo dije: tengo un tío que trabaja en la cómica de Petit Thouars, voy a ir a verlo y para alegría nuestra nos jugó entradas para todos que había decomisado a un “Rebeca” (en aquellos tiempos aún se intervenían a los revendedores).

Corrimos para llegar a cantar los 15 minutos que faltaban para que acabe el partido, solo les digo a mi gente Celeste: como sea hay que alentar al campeón, cuando falleció mi abuelo, quien me inculcó el amor al Sporting, lo enterré y del cementerio corrí al estadio, el día que nació mi hijo, de conocerlo en el hospital corrí al estadio y el día en que me muera, de la tumba saldré al estadio porque siempre hay llegar al estadio para alentar al campeón.

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