El triunfo de Cristal alegra. Por el escudo y la camiseta. Por nosotros. Tan igual como los jugadores salen después del partido a decir que ellos salieron a ganar por ellos y por su familia – como si la hinchada no importara -, la hinchada puede decir que se alegra por la camiseta y el escudo – como si los jugadores no importaran. Al final, hay que decirlo, jugadores, dirigentes y comando técnico pasan. Los que quedamos somos la camiseta, el escudo y nosotros.

 Más allá del buen resultado obtenido contra el equipo subcampeón del pasado torneo, haríamos mal en pensar que todos los problemas se han solucionado. Porque, más allá de los problemas internos que pueden existir o no, hay un problema real que es el futbolístico. El equipo ha venido dando espectáculos lamentables de fútbol y ayer no ha sido la excepción.

Sporting Cristal jugó 20 minutos. Del 50 al 70. En ellos se aprovechó el desorden de la visita para anotar el primer gol e imponer un poco de juego. El resto del tiempo – 70 largos minutos – Cristal dejó mucho que desear. No se generaron ocasiones de gol, ni siquiera se merodeó el arco rival, se mostró pocas ideas y bajo rendimiento en sectores específicos de las líneas del equipo. Cristal jugó con un gran agujero en el mediocampo y, por eso, jamás pudo confeccionar una buena jugada. Carlos Lobatón y Josepmir Ballón retrocedieron constantemente a apoyar en la salida y Joel Sanchez naufragó por los costados. Con ello, el mediocampo de Cristal no estuvo nunca. Y sin mediocampo sólo nos quedaba algún desborde por las bandas – casi siempre ineficientes – o un pelotazo buscando al ariete que jamás hizo notar su presencia.

Le falta, pues, muchos argumentos a Cristal. Pero la esperanza es que este triunfo sirva de piedra de toque. Con la casi segura eliminación de todo torneo internacional a la espalda, es hora de que el equipo se encuentre a si mismo y vaya por ese premio consuelo – que ya no debería consolar – que es el torneo nacional.

Por: Chalo
Director de www.elcristalconquetemiro.com