El domingo pasado estuvimos desde temprano siguiendo a nuestro Sporting querido, en el inicio de una nueva campaña que esperamos se cierre en diciembre con una celebración más.

Cuando vimos el estadio lleno de familias, las cuales desde tempranas horas se dieron cita para acompañar al campeón en un horario que siempre reclamamos, nos sentimos llenos de nostalgia y alegría ante la demostración de cuánto ha crecido nuestra hinchada a comparación de mediados y finales de la década de los ochentas.

En aquellos años, en la tribuna oriente del estadio Nacional, nuestra barra no pasaba de 20 personas en partidos preliminares y 40 personas cuando jugábamos de fondo en los antiguos dobletes y tripletes.

Pero que significaba ser barrista de Cristal en esos años?

Ser barrista de Cristal significaba ser parte de una marcada minoría que los hinchas de otros equipos miraban con una burlona sonrisa, nuestro equipo siempre era ninguneado y menospreciado por la prensa mermelera y maltratado por las programaciones las cuales siempre nos ponían de teloneros de cualquiera de los compadres o hasta de Municipal.

A partir de finales de los 80, la barra celeste empezó lentamente a crecer y a ser objeto de agresiones por parte de la barra gayina de oriente, que nos llevaba una ventaja de 20 a 1 en cantidad. Todos los partidos jugábamos antes que ellos y, para el ingreso, sólo se abría la puerta de oriente que estaba pegada a sur, por lo que, para llegar a nuestro lugar (que estaba para el otro lado de la tribuna pegados a norte).

Debíamos caminar por abajo de la ya instalada barra de las gayinas (unas 400 gayinas contra nuestros 20-40 guerreros). Era un callejón oscuro. Los embates eran cada vez más frecuentes y siempre nosotros en desventaja numérica. Igual nunca pudieron matar nuestro amor por la celeste, pero necesitábamos crecer.

A partir del año 87, comenzamos a llegar a la barra jóvenes de diferentes puntos de Lima (perseverantes, luchadores, valientes, fieles, pero sobre todo soñadores porque había que ser soñador para creer que algún día la hinchada crecería tanto que llenaríamos estadios).

Contra todo y contra todos logramos juntar a más gente y fundamos el Extremo Celeste que luego desencadenó en el crecimiento vertiginoso de la hinchada y lo que hace que ahora cada celeste que va al estadio, pueda caminar orgulloso mostrando sus colores, respaldado por una gran hinchada.

A las nuevas generaciones les encargamos cuidar ese legado. El Extremo es más grande que cualquier disputa, el ser barrista va más allá de desencuentros ideológicos o de intereses personales.

El Extremo Celeste somos todos (fundadores, barristas, hinchas y hasta los turistas) y la barra como núcleo del aliento, tiene la obligación de proteger a la hinchada, de atraerla, no de espantarla y mucho menos agredirla.

Fuerza Cristal por los siglos de los siglos!

ExtremoCeleste.com
Fvndadores de una paSCión

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