A finales de diciembre pasado y cuando aún nos encontrábamos con la resaca del campeonato obtenido, los directivos de nuestro club decidieron cortarnos de manera abrupta todo rezago de celebración. Luego de la dimisión de Mariano Soso ( para nosotros cocinada) no tuvieron peor idea que contratar a un entrenador perdedor y resistido como la gayina del solar.

Luego de una nueva derrota de nuestro equipo nos queda la bronca de confirmar lo que habíamos previsto a comienzos de año, un club demasiado grande para un entrenador muy limitado que solo conoce de fracasos en su historia como DT, que ha llegado al campeón nacional solo por sus buenas relaciones más que por su capacidad para dirigir, lo que da como resultado que cada partido con una mínima exigencia se convierta en un calvario para todos los que amamos al Sporting Cristal, el club más grande del país, que hoy por hoy se ha convertido en un club sin ideas claras, sin rumbo.

El magro empate de ayer en Ayacucho nos dejó una vez más la impresión que el equipo camina a la deriva, cual boxeador grogui que no entiende que hace en el ring y solo ruega que suene el campanazo final para no ser noqueado.

Corrían los años 90 y muchos de las personas que integrábamos la naciente barra popular veíamos con admiración y hasta antojo como alentaban las barras argentinas y la conexión que existía con sus jugadores, cosa que acá en Perú no se daba.