Y sí, pues. Ya es ocioso decirte que mal juega Cristal. Cómo la banca de Pablo Zegarra se muestra huérfana de reacciones, incapaz de darle vuelta a una situación adversa, como los jugadores no dan siquiera la altura, cómo el grito de Jorge Cazulo quiso representar mucho, como la absurda falta de Edinson Chávez que motivó el gol de la victoria visitante representó todo, como dejamos de ver la punta y empezamos a ver el fondo de la tabla.

Vamos, que ya no tiene sentido hablar del hecho de que Cristal no tiene opciones a nada. Eso ya lo sabemos. Lo único que se les va a pedir, entonces, es que cada presentación sea digna y que en cada partido no se le falte el respeto a la camiseta. Es algo fácil de pedir y, digamos, lo mínimo necesario. Pero tal parece que para este equipo, derrotado en todo sentido, no avergonzarse es algo que les cuesta demasiado.

Triste momento para la celeste. Triste, pero previsible. La soberbia tiene estos efectos.

 

No escapa el hecho de que los dos equipos que parecen más pintados para disputar el título nacional a fin de año hayan enfrentado a Sporting Cristal en estas dos últimas fechas y los dos hayan optado por una estrategia similar: esperar a la celeste.

El resultado de ayer no hizo sino confirmar que nuestro papel en lo que queda del año es de llevar adelante una transición ordenada. Nuestras opciones reales de pelear el torneo son poquísimas. Nunca hay que tirar la toalla pero, la verdad, yo prefiero pensar que la mejor forma de usar este 2017 es cimentando aquellos puntos que deben ser nuestras fortalezas el próximo año. Y esta resignación dolorosa no es gratuita, se lo debemos a las malas decisiones que un grupo de soberbios señores tomaron de manera irresponsable. Pero de eso ya hemos hablado. Tampoco vamos a seguir hablando de eso toda la vida.