Si no fuera porque entre el segundo y tercer gol (o dicho de otra manera, los primeros 20 del segundo tiempo) hubo un bajón en el juego cervecero, el del pasado domingo habría pasado como uno de los mejores partidos del año. Claro, jugado frente a un rival que parece perder la pelea rumbo al descenso y en un momento en el que el único objetivo de la celeste era mantenerse en posición de Sudamericana.

Hay partidos como el de ayer en el que es difícil no mencionar el error arbitral que modificó el partido. Renzo Garcés luchó un balón con Alexi Gomez y Diego Haro creyó ver agresión. Fue roja directa en una de las jugadas más inocuas del fútbol. Si Haro fuera un árbitro severo podríamos redirigir la crítica. No lo es. Juan Vargas tuvo una jugada similar y Haro no sacó roja, ni siquiera amarilla. Vamos, ni siquiera pitó la falta.

Si el pasado miércoles establecimos una triste marca al perder por primera vez en Cajamarca desde el último ascenso del UTC, ayer hicimos otra de esas. Ha sido la primera vez que hemos podido ganarle a Academia Cantolao desde su ascenso. Y en este tiempo donde estamos cobrando las consecuencias de la irresponsabilidad de los dirigentes, estas son las marcas que nos generan alegría. Así estamos.

Sporting Cristal perdió ajustadamente un partido en el que, sinceramente, debió llevarse una goleada. Triste pero verdadero. Dominado en terreno, en posesión, en intensidad de juego y en número de ocasiones creadas, lo de la Celeste fue bajísimo.

No jugó mal Cristal, hay que decirlo. Sport Rosario quiso hacer lo que hicieron tantos equipos este año: jugar con paciencia, soportar el ataque de fútbol que siempre tenemos y esperar el error. El error llegó, claro que sí, pero Cristal se dio maña para crear varias opciones en ataque – opciones serias – y capitalizar una. Luego desperdició varias pero dio gusto la forma cómo se generó. Cristal acordándose de jugar como Cristal y dejando de lado el centro a cualquier lado y el balonazo desesperado.