Uno sale del Alberto Gallardo preguntándose cómo es posible que hayamos ganado el clausura jugando tan mal. Claro, cedemos empate tras empate y sin embargo, la tabla nos dice que estamos ahí arriba. Y lo estamos principalmente gracias a los buenos resultados – que no rendimientos – obtenidos en provincia. Eso lo sabemos todos. Y tras esa pregunta, viene la más insondable, la más tenebrosa: ¿Alcanzará con lo que mostramos?

La fe en la camiseta quiere hacernos creer que sí. Sporting Cristal luchando el campeonato un año más. Pero los argumentos que el equipo muestra en la cancha no hacen sino menoscabar hasta la fe más tozuda. Y es que Sporting Cristal juega mal a todo nivel. Hay rendimientos individuales que son bajísimos y hay funcionamientos colectivos que no aparecen ni por goteo. Hay decisiones desde el banco que terminan siendo contraproducentes y hay situaciones ajenas al partido que terminan también condicionando todo.

Por el momento pareciera que el problema del cuadro celeste no pasa por la ausencia – o la presencia – de un determinado jugador. Y por eso mismo la esperanza de un refuerzo mágico que termine arreglando el enredo es, en sí misma, fantasiosa. De nada serviría un 9 mortífero si los laterales no trascienden y si los pases no son precisos. De nada sirve mejorar un sistema si tenemos jugadores que parecen estar bañados en melaza. De nada sirve que Mariano Soso tome decisiones mejores que las que viene tomando en los últimos partidos cuando parece que la distancia entre su banco y la cancha de juego es de un par de kilómetros en los que sus indicaciones se pierden.

Resultados como ayer, donde terminamos empatando un partido que teníamos que ganar con holgura, sólo nos hacen pensar que no va a alcanzar. Y peor aún, que si los resultados de visita fueran coherente con el rendimiento de Sporting Cristal, este primer lugar no sólo no sería nuestro sino que sería inalcanzable.

Que dilema.

Por: Chalo
Director de www.elcristalconquetemiro.com

Visita la galería de las Celestes del Día