Para un hincha de Sporting Cristal los clásicos no sólo son una oportunidad de ganar, son una oportunidad de demostrar lo que siempre afirmamos: que somos mejores. Ganar uno de estos partidos siempre alegra pero la verdadera felicidad aparece cuando no sólo hemos ganado sino que, además, mostramos superioridad. Y eso fue lo que se vio la noche del sábado en el Nacional.

 

Tal vez nos vamos a quedar con el recuerdo de la noche extraordinaria de Emanuel Herrera. Pero el análisis nos irá mostrando que han existido otros valores altos en el equipo. Desde Renzo Revoredo que hizo un partido casi impecable hasta Flavio Gómez que en su tercer partido parece haberse adueñado de esa punta, pasando por el increíble trajín de Josepmir Ballón y el desequilibro de Jair Céspedes quien esa noche llegó a acabar, por fin, las jugadas que él mismo se fabricaba. No es sólo Herrera, entonces. Veamoslo así. Y con ese juego de vértigo y presión, Cristal hizo pasar a su rival por todas las facetas de la desesperación hasta humillarlo adecuadamente, con “óles” bajando de la parcialidad cervecera e hinchas aliancistas yéndose del estadio para huir – como si el recuerdo los fuera abandonar pronto – del triste espectáculo de su equipo campeón siendo vapuleado.

Mario Salas, en la conferencia, dio un baño de humildad enorme al equipo. Primero les envió el consuelo a los rivales reconociendo que pudieron anotar un gol y, sutil el Comandante, recordándoles a la vez que no pudieron. Prometió trabajo para superarse. A la pregunta incrédula de un periodista sobre si se podía potenciar más a Cristal, Salas fue consciente de que el equipo aún tiene varias falencias. Salas promete mas trabajo y eso hace que quienes quieren la camiseta celeste se abandonen a soñar. Soñar con un Cristal que termine de marcar diferencias a nivel local y que pueda, por fin, consolidar su presencia fuera de nuestras fronteras. Soñar con el Cristal que queremos ver.

Pero el sueño se arma con trabajo y ayer el equipo ya entrenó. Los tres goles encajados al campeón quedaron en la estadística y ahora hay que pensar en cerrar la clasificación al Torneo de Verano para poder tener un par de semanas en el que se juegue sin la presión del resultado y le permita al Comando Técnico ir cimentando las bases de lo que será la potenciación de este equipo.

¿Qué decir de Emanuel Herrera? Pues, más que decir hay que aplaudir. Muchos hoy intentan acallar el atronador grito de gol de la parcialidad cervecera recordando que Herrera también tuvo rachas negativas y que no es el superhombre que todos creemos ver. Ilusos. Cómo si haciendo eso los tres goles les fueran a doler menos. Pero en algo tienen razón: los goleadores son de rachas. Y aunque todos queremos que la racha de Herrera sea eterna, quizá algún día pase. Entonces en ese momento habrá que recordar lo que es Herrera hoy, sobre todo. Un jugador aplicado, un equipista disciplinado y un profesional que se entrena con tesón. Es su trabajo lo que lo lleva al gol y, aunque haya pasado rachas de sequía, precisamente su trabajo lo trajo de vuelta. Gente así es valiosa no sólo porque está presente en el marcardor sino porque da ejemplo. Qué buena decisión al de tenerlo en el equipo. Ojalá que podamos gritar muchos goles más, que le agradezcamos su paso por Cristal, que no se vaya nunca y que, si se tiene que ir, lo extrañemos y él nos extrañe. Que no dejemos nunca de quererlo y que él siempre respete a esta gente y esta camiseta. Porque goles puede hacerlos cualquiera, pero el cariño de la gente sólo se lo ganan los que saben cuánto vale.

Por: Chalo
Director de elcristalconquetemiro.pe