Hay partidos como el de ayer en el que es difícil no mencionar el error arbitral que modificó el partido. Renzo Garcés luchó un balón con Alexi Gomez y Diego Haro creyó ver agresión. Fue roja directa en una de las jugadas más inocuas del fútbol. Si Haro fuera un árbitro severo podríamos redirigir la crítica. No lo es. Juan Vargas tuvo una jugada similar y Haro no sacó roja, ni siquiera amarilla. Vamos, ni siquiera pitó la falta.

Si el pasado miércoles establecimos una triste marca al perder por primera vez en Cajamarca desde el último ascenso del UTC, ayer hicimos otra de esas. Ha sido la primera vez que hemos podido ganarle a Academia Cantolao desde su ascenso. Y en este tiempo donde estamos cobrando las consecuencias de la irresponsabilidad de los dirigentes, estas son las marcas que nos generan alegría. Así estamos.

Sporting Cristal perdió ajustadamente un partido en el que, sinceramente, debió llevarse una goleada. Triste pero verdadero. Dominado en terreno, en posesión, en intensidad de juego y en número de ocasiones creadas, lo de la Celeste fue bajísimo.

No jugó mal Cristal, hay que decirlo. Sport Rosario quiso hacer lo que hicieron tantos equipos este año: jugar con paciencia, soportar el ataque de fútbol que siempre tenemos y esperar el error. El error llegó, claro que sí, pero Cristal se dio maña para crear varias opciones en ataque – opciones serias – y capitalizar una. Luego desperdició varias pero dio gusto la forma cómo se generó. Cristal acordándose de jugar como Cristal y dejando de lado el centro a cualquier lado y el balonazo desesperado.

Y sí, pues. Ya es ocioso decirte que mal juega Cristal. Cómo la banca de Pablo Zegarra se muestra huérfana de reacciones, incapaz de darle vuelta a una situación adversa, como los jugadores no dan siquiera la altura, cómo el grito de Jorge Cazulo quiso representar mucho, como la absurda falta de Edinson Chávez que motivó el gol de la victoria visitante representó todo, como dejamos de ver la punta y empezamos a ver el fondo de la tabla.