Cuando Sporting Cristal sacó el pie del acelerador en el segundo tiempo ya había quedado en claro la diferencia que existe entre ambos equipos. Universidad San Martín salió a jugarlo y en 45 minutos le metimos dos goles, nos anularon uno mas injustamente, se quedaron con uno menos y se salvaron de un par. Si esto fuera box, podríamos decir que en el primer round los dejamos al borde del nocaut técnico. San Martín se fue al camerino totalmente grogui, apoyándose en las paredes para no caer al piso.

Uno sale del Alberto Gallardo preguntándose cómo es posible que hayamos ganado el clausura jugando tan mal. Claro, cedemos empate tras empate y sin embargo, la tabla nos dice que estamos ahí arriba. Y lo estamos principalmente gracias a los buenos resultados – que no rendimientos – obtenidos en provincia. Eso lo sabemos todos. Y tras esa pregunta, viene la más insondable, la más tenebrosa: ¿Alcanzará con lo que mostramos?

Que pésimo ha jugado Sporting Cristal, por Dios santo.

A los 65 minutos llegó el gol de Horacio Calcaterra y, con él, se desencadenó el resultado que las tribunas del Alberto Gallardo esperan siempre. Una goleada frente a un rival de esos que, para el imaginario colectivo de la hinchada celeste, debe irse siempre goleado del Rímac. Luego vino el tiro libre de Alfredo Ramúa y los dos penales que Irven Ávila concretó para sellar la goleada. Todo aparentemente perfecto.

Pocos partidos más feos que el de ayer. Tristísimo que Sporting Cristal dé una muestra tan paupérrima de fútbol.

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