El resultado de ayer no hizo sino confirmar que nuestro papel en lo que queda del año es de llevar adelante una transición ordenada. Nuestras opciones reales de pelear el torneo son poquísimas. Nunca hay que tirar la toalla pero, la verdad, yo prefiero pensar que la mejor forma de usar este 2017 es cimentando aquellos puntos que deben ser nuestras fortalezas el próximo año. Y esta resignación dolorosa no es gratuita, se lo debemos a las malas decisiones que un grupo de soberbios señores tomaron de manera irresponsable. Pero de eso ya hemos hablado. Tampoco vamos a seguir hablando de eso toda la vida.

Es bueno porque fue sufrido. Y un triunfo así -trabajado, luchado, esforzado, difícil- es algo que creo que le va a venir bien al equipo para levantar la moral y entender que el camino que nos queda por delante es así: de lucha constante y esfuerzo total. No es fácil y lo va a ser menos ahora que, de las 15 finales, hemos desperdiciado 2.

Cuando la cabeza de la institución durante todos estos años ha hecho gala de soberbia y autosuficiencia resulta entendible que el equipo también lo muestre. ¡Trabajemos mejor! se les decía a la extinta Comisión de Fútbol y ésta respondía con un “déjame tú a mi que yo sé”. Cuando se le pedía explicaciones por los errores, sacaban el pecho y nos enrostraban que con su trabajo mediocre y chapucero habíamos sumado 3 estrellas en 5 años. Como si no se pudiera pedir más, como si eso fuese todo a lo que podríamos aspirar. Soberbia y autosuficiencia te llevan a la mediocridad.

Uno es hincha, a fin de cuentas, y como hincha que es, quiere creer.

Los últimos dos goles del partido grafican lo que ha sido Sporting Cristal en estos primeros siete meses del 2017.