Ayer el Sporting Cristal cerró su participación en la Copa Libertadores dando la misma imagen que ofreció desde que inició la fase de grupos: la de un equipo sin personalidad, sin fuego y sin pólvora. Por más que para pasar tenía que golear y esperar que el Atlético Nacional hiciera lo mismo con Huracán (algo que no sucedió, ya que quedaron 0-0), una victoria hubiera limpiado un poca la cara de los celestes. Y parecía que se iba a dar, cuando en el segundo tiempo el equipo de Soso vencía por 1-3 a un Peñarol débil, irreconocible, que había firmado una Copa lamentable.

Ayer, en la calurosa noche de Lima, Sporting Cristal le ganó a Huracán. Las matemáticas lo indican: hizo 3 goles y recibió dos. Ganó tres puntos y está segundo en su grupo. Lo único positivo para el equipo peruano fueron los números, que son tan drásticos como crueles. El resto fue una nueva muestra de la debilidad mental, física y futbolística del equipo peruano con mejor plantel del país, el que estuvo a un minuto de ser bicampeón nacional y el que, en teoría, tiene un proyecto a largo plazo.

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